Llegan con fuerza los kidfluencers cargados de polémica

Estos niños son negocios muy lucrativos para sus familias, pero la ley les protege hasta los 13 años

Samia Alí de 4 años es una influencer desde el mismo día que nació. Sus padres Adam y LaToya Ali empezaron a relatar la historia de Samia con su inminente llegada al mundo en el año 2014. El vídeo de su nacimiento está colgado en Youtube, “es como si hubiese nacido en las redes sociales” explicó su madre recientemente en el The New York Times. Actualmente la pequeña cuenta con 206.000 seguidores en Youtube y 142.000 en Instagram.

Se trata de una de las influencers más jóvenes. Marcas de todo el mundo acuden a sus canales para publicitarse. De hecho, este tipo de canales los gestionan sus progenitores puesto que la ley de privacidad de estas redes protege al menor hasta los 13 años.

Las gemelas Taytum y Oakley de dos años

Aunque parezca extraño, el de Samia no es un caso aislado. Las gemelas idénticas Taytum y Oakley son una auténtica revolución en las redes sociales con tal solo dos años. Su Instagram tiene casi tres millones de seguidores y YouTube 3.387.556 suscriptores.

Su familia genera tal interés que su tercera hermana de meses ya tiene una cuenta en Instagram con 433.823 seguidores. Niños que se han convertido en auténticos negocios para sus padres puesto que que las marcas pueden llegar a pagar entre 10.000 y 15.000$ por un post en Instagram y hasta 45.000$ por un vídeo en Youtube, aseguraron los responsables de estas cuentas en el The New York Times.

Otro caso similar es el de la hija de 6 años de Michelle Foley, Ava, y su mejor amiga, Everleigh. Ambas comparten un canal de Youtube con más de un millón y medio de followers y un Instagram con 1.282.000 seguidores.

Lo cierto es que cada vez hay más kidfluencers. Toda una tendencia al alza en el marketing digital no exenta de polémica. Ante la demanda de las marcas y los negocios lucrativos de estas familias ha llegado la controversia: ¿Pueden estos niños abrir canales si la ley lo prohíbe hasta los 13 años? ¿Pueden sortear la ley porque son sus progenitores los ejecutores? ¿Sus padres pueden explotar de esta forma su imagen pública? Estas son las preguntas que aparecen sin respuesta ante la llegada con fuerza de los kidfluencers.