Google y Facebook, a la caza de la mentira online en la era de la ‘postverdad’

Por Xiana Siccardi

Google y Facebook van a la caza de las noticias falsas que circulan por internet. La inmensidad del mundo online da cabida a webs y portales que crean y difunden noticias falsas y, tras recibir muchas críticas en los últimos días, los dos gigantes tecnológicos han determinado que una primera solución es que estos sitios no puedan beneficiarse de sus servicios de publicidad.

Este asunto ha estallado justo después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, dado que se detectaron multitud de noticias que resultaron ser falsas, aparecidas en portales que no cuentan con los estándares de verificación que tienen los medios de comunicación tradicionales. Una de estas noticias falsas, por ejemplo, fue difundida a través de Facebook y aseguraba que el Papa Francisco respaldaba a Donald Trump, cosa que nunca sucedió.

El problema de Zuckerberg: “Nos cuesta identificar la verdad”

El presidente ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, se ha defendido asegurando que su red social no tuvo papel intencionado en influir en las elecciones estadounidenses y ha anunciado que bloqueará la publicidad en línea para estos sitios. “De todo lo que publica la gente en Facebook, el 99% es auténtico -ha escrito en su muro-. Solo una pequeña cantidad de noticias son falsas o un engaño”. “No queremos más noticias falsas en Facebook –añadía-, nuestra meta es que todo tenga sentido y entre nuestras responsabilidades está evitar que las noticias falsas se difundan. Me importa mucho, pero nos cuesta identificar la verdad. Mientras que algunas historias falsas se pueden desentramar fácilmente, otras no tanto. Sobre todo cuando alguien no está de acuerdo con un argumento y lo tacha como falso, aunque los hechos no lo sean. Y viceversa. Estoy seguro de que la comunidad nos va a ir diciendo qué es lo que tiene sentido, y que nosotros mismos vamos a tomar conciencia de nuestra arbitrariedad”.

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Esa fue una primera explicación, y hace escasas horas la ha ampliado -a raíz de nuevas críticas que le acusaban de poca concreción- asegurando que Facebook va a mejorar sus sistemas de alertas y de control de los contenidos maliciosos, por ejemplo, comenzando a colaborar con compañías dedicadas al fastchecking. No obstante, Zuckerberg pide paciencia, porque descubrir la verdad a tiempo real no es fácil. Y una pregunta llega inmediatamente después: ¿Realmente el peso de discernir entre verdad y mentira debe recaer en Facebook y Google?

En el caso de Google, la web Mediaite detectó que la noticia principal que aparecía en el gran buscador al escribir “recuento final de votos elecciones 2016” era un enlace a una noticia escrita en una web llamada 70News que aseguraba que Trump estaba por delante que Clinton en votos, según recogió The New York Times. Otros rumores han sostenido que Hillary Clinton acababa de adquirir una casa en las Maldivas o que se había gastado casi 140 millones de dólares en armas ilegales.

Tal y como hiciera YouTube hace unos meses, anunciando que ciertos contenidos como posicionamientos políticos, chistes verdes o tacos no podrían acogerse a posibilidad de monetización de los creadores –es decir, de cobrar por las visitas que tenga ese vídeo-, esta semana Google ha anunciado que prohibiría a webs y portales maliciosos el uso de AdSense, su servicio de publicidad en línea, medida que ya aplica en sitios dedicados a la pornografía o a los que acogen contenidos violentos.

La era de la ‘postverdad’

Estas medidas han sido recibidas con aprobación pero con sensación de insuficiencia, dado que, aunque se limite la publicidad en portales que construyen informaciones maliciosas, ello no implica que estos sitios sigan existiendo y sus posts, compartiéndose. Aunque bien es cierto que no recibir ingresos por ello puede ser una buena primera decisión disuasoria.

Debido a esta situación se dice estos días que hemos entrado en la era de la postverdad, en la que los votantes o consumidores se enteran de lo que sucede en el mundo no por los medios de comunicación tradicionales sino por posts que encuentran en redes sociales o comparten sus amigos y que, al emplear un estilo periodístico, se equiparan a  la categoría de información contrastada, no siendo así en realidad. Según Oxford Dictionaries, la postverdad –elegida como palabra del año- “denota circunstancias en las que los hechos son menos influyentes sobre la opinión pública que las emociones o las creencias personales”.

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Precisamente The New York Times publicó recientemente un brillante análisis llamado En internet la verdad no es como la pintan que explica perfectamente la manera en que un mayor acceso gratuito a medios de comunicación de todo el planeta -y a información en general sobre cualquier asunto- no ha influido proporcionalmente en nuestra amplitud de miras.

Pensemos si vale la pena hacer clic ahí

Para entender la enorme relevancia de las conductas maliciosas, es muy recomendable ver una de las mejores y más impactantes TEDs sobre reputación online que he visto hasta el momento. El precio de la vergüenza, impartida por Monica Lewinski, la -muy a pesar- becaria más conocida del mundo explica los devastadores efectos de hacer clic sobre determinados contenidos. Lewinski nos pide tener muy en cuenta que detrás de informaciones interesadas o humillantes sólo existe una voluntad de lucro de los creadores, que llenan sus bolsillos a costa de embrutecer la imagen de cualquiera. “Piensa a qué le estás dando clic”, dice Lewinski. Y tiene razón.

Xiana Siccardi es directora de Audiovisual, Social Media e Influencers en SOMETHING TO SAY

 

(Crédito de la imagen destacada de esta noticia: Spotlight)